Diario de Niña Violeta (7)

mayo 13, 2011

Vista de Yunquera

Lo que Niña Violeta entendía por “Poesía” y “Poema” es algo que nunca quedó claro. Posiblemente nunca lo estará, pues es el caso que a los pocos meses de iniciada su carrera artístico poética, que ella imaginaba fulgurante, estelar, llena de éxitos y escándalos de los que aman los poetas, que era lo más notorio que le había quedado de su paso por aulas donde se explicaban ( ¿ se explicaban? Pero, ¿es explicable eso?) poemas y se relataban vidas de poetas, entremezcladas de procacidades, allá en cuanto junio se torció hacia julio, llegaron los calores, cesaron los recitales poéticos de grupos universitarios y comenzaron las movidas músico-botelloneras y los devaneos con porros y demás, Niña Violeta se dio a la vida bohemia y a la nocturnidad sin alevosía, y dejó a Apolo y a sus dudosos laureles con tres palmos de narices. Se podría decir que si la “Poesía”, los “Poemas”, en lugar de actividad y trato con las buenas letras hubieran sido un novio, por lo que respecta a N. V. tendría el pobre más cuernos que una olla llena de caracoles.

Ella, Violeta, -y esto es otra incógnita irreparable-, siempre escribió poesía y poema como arriba se ha visto : en mayúscula y entre comillas. ¿Creía la joven que de ese modo dignificaba esas palabras, de por sí ya dignas? Nunca lo sabremos, y de todos modos tampoco nos lo vamos a seguir preguntando. Que si lo referimos ahora es sólo por ser fieles a la literalidad de esta historia y a la veracidad de su Diario. En todo caso, y salvo ocasión que así lo requiera, nosotros escribiremos esas palabras de manera normal, como debe ser. Como creemos que debe ser.

Pero sin más preámbulos, veamos su poesía (perdón, su “Poesía”) del Sí y Sí. Con ella inición un recital en el que participó en la Facultad de Letras, como invitada de honor por un grupo de entusiastas estudiantes alentados por algún que otro profesor deseoso de días de glorias y vagabundeos y, si caía esa breva, algún que otro morreo con la poeta o poetisa o con alguna de sus amigas o amigos, depende del caso. En estas cosas, nunca se sabe.

La Niña V. está de pie en el Aula Magna y, micrófono en mano lle un papel y dice:

- “Poema del Sí y Sí”. “Poesía”…

(Se corta un poco, mira al auditorio, se siente arropada, y sonríe)

-Es una Poesía muy Primorosa. (Suelta una risita, y se dispone a leerla. Aclaramos que se reproducen sus palabras entre comillas a fin de dar una idea de cómo las entonaba : resaltándolas del resto, como queriendo darles un mayor peso fónico)

- Bueno, “Lo” leo, ¿vale?

“El Sí y Sí. “POema”

“¿Qué más nos da que todo tenga

su aparente principio y fin

si no somos mas que piedras nunca

nunca nunca nunca,

o sí y sí y sí y otra vez sí y sí?

Violet Le Duc es nombre

elegido por mí y para mí.

Sí y Sí y Sí.

Soy piedra sin fin, Sí.

Soy sólida cúspide, Sí.

Y soy de mí un constante Sí y Sí…

Sííííí, Sííííí….”

Aquí, los gestos y movimientos, la voz misma de Violeta, entusiasmada quizá por las caras de asombro de algunos, por las miradas bobas de muchos, -hay que aclararlo : la falda muy corta de Violeta, dejaba casi ver el tono rosa pálido de sus braguitas, mínimas, y eso parece que causaba cierta inquietud en algunas chicas y morbosa expectación en los más, varones la mayoría aunque no todos, digamos la verdad.

Violeta se detiene, mira a su público, y con un mohín entre pícaro y algo cortado, dice soltando el papel :

-¡No sigo leyendo si no aplauden aquí! Si no aplauden aquí, es que no han entendido nada de mi “Poesía” y de MI “Poema” y de mi arte, ea!

Y los aplausos comenzaron a sonar como por arte de magia. Luego…

Pero esto es ya parte del siguiente episodio, cuando Violeta se enfrentó a una furibunda muchacha (¿inglesa o sólo yaquee?) del Curso para Extranjeros, un tanto si soy si no soy lésbica pero a poeta no me gana nadie. Yeah!

Diario de “Niña Violeta” (6)

mayo 9, 2011

Como suele ocurrir, una persona no es sólo un dibujo en un lienzo, ni siquiera una figura geométrica en el espacio, sino que es algo que va más allá de las habituales tres dimensiones espaciales, sometidas como cuerpo a la Ley de la Gravitación Universal, más la dimensión “tiempo”, que les (digamos mejor “nos”) afecta como seres vivos, dinámicos, y sobre todo entrados en una vorágine que tiene que ver con las dos básicas Leyes de la Termodinámica y con lo que se llama “Entropía”, así como también eso que es conocido como “Caos”, e incluso con lo que se ha llamado “Teoría de las Catástrofes”, que si mal no recordamos propuso el pasado siglo XX  René Thom, francés, matemático y padre o creador de dicha teoría. Fascinante, pero algo que aquí sólo podemos citar de paso, pues son otros nuestros objetivos.

En este capítulo o entrada, (o entrega, ustedes elijan) 6ª, se aborda una faceta muy peculiar de Violeta. Lo que sigue no forma en un sentido estricto parte de su “Diario”, pero en una futura edición global del mismo deberá figurar, pues es el caso que esto forma también parte, y parte no desdeñable, de la descocada y a veces deslenguada y hasta algo choni y casi horterilla, estilo “princesa de barrios bajos” quizás, Niña Violeta. Es esto : Violeta practicaba la poesía, era aficionada a ella, y en sus breves meses de paso por la Facultad de Letras, hasta tuvo ocasión de dar algún recital de poesía. Eso, se va a referir en el siguiente capítulo, y como ustedes verán, señores lectores, la cosa tiene su majaíllo, como se suele decir.

Diario de Niña Violeta (5)

abril 3, 2011

La Fuente, cuadro de Ingres

Se nos echa encima el día del dios Marte, que es el de la guerra, y no sé todavía si contaré o no contaré en esta libreta las cosas que hicimos en el último pub, donde los chupitos penúltimos y el ligue con la inglesita. Mi sombra se cree que se la ligó él, pero esa vez, como que tampoco : me la ligué yo, Violeta. La vi con su estilo de niña-pija-guiri-o sea, y con los ojos ya con ese brillo de las copitas bien llevadas, y con ese aire de como que se nos aburría la girl sin darse cuenta, y me dije : “Violeta, ahora o nunca : a ésa le va la marcha, conque… ¡ Ataca, Violeta, ataca!” Y ataqué. Ataqué como suelo hacerlo : un guiño, un mohín de agrado y complicidad, y una leve, muy leve indicación con los ojos de que Rupert, mi sombra, iba conmigo, o sea, que era cosa mía, pero. Y ella sonrió, y me pareció que hasta se iba a poner colorada, o sea, pero no. Bueno, eso ya lo dejo para contarlo mañana, que esto del Diario tiene también su lado cansino, no se crean.

Nota .- Ahí aquí una firma irreproducible, un dibujo que se obvia, y con una letra chula, “Niña Violeta”.

 

Día Martes, por la mañana.-

Me dijo mi sombra :

- Violeta, no me gusta que me llames Ruperto.

Me lo dijo muy serio. Y con un  tono desabrido, ( o sea), que a mí sí me que no me gustaba ni pizca. Eso, de pronto como así, a modos de “¡Buenos días!”, no mola. Fastidia, incomoda. Hasta diría yo que puede llegar a estreñir la mente. O sea. Y me lo decía, además, ¡casi gritando! Y de sobras sabe mi sombra que los gritos me desquician, me ponen de los nervios. No puedo con los gritos, de modo que quien me quiera a punto de enfado o en plan borde o cerrada del todo a todo posible diálogo, o sea, sólo tiene que gritarme, y ya se opera en mí la metamorfosis (aquí, metemos otra vez “o sea”, que las palabras tan cultas se lo buscan ellas mismas), y me convierto en otra persona, unas veces autista y otras hecha un basilisco, depende.

- Tengo preparada la copia que me regalaste de “La Fuente”, el cuadro ese de Ingres… ¿O no era Ingres?

- Sí era, pero, ¿a qué viene eso ahora?

- Pues no lo sé, pero viene, ya ves.

 

Diario de Niña Violeta (4)

marzo 31, 2011

Tiene gracia que me esté empezando a gustar esto del Diario, así que voy a seguirlo. Me mola. Ahora eso sí, sólo pondré algunas cosas, y no todas “las que se te pasen por la cabeza”, como me dijo la sombra, el Ruperto de los mismísimos. ¡Qué más quisiera él, como si una fuera tonta! Desde luego las cosas mías, las decentes, ésas sí que no las pongo, que son muy mías. Y las otras, las que me pienso ir inventado, pues sí, ésas va a ser que sí se ponen. Luego, cuando el nota me coja las vueltas y me lea todo lo que lleve escrito, me voy a mear de risa. ¡No me conoces Rupertito, no me conoces!

Ahora, a descansar, que son ya más de las siete de la tarde, y tengo cita con el loquero. No es que sea yo como la mujer de don Tomás, que por la mañana se levanta de la cama y se sienta a descansar, lo que pasa es que para ir al psiquiatra, o visitar a “don Loqueroles”, como le digo en confianza, hay que estar con el ánimo a punto. Muy descansadito, con la mente relajada, ropa a tono con el día, y esas cosas. ¡Se fijan en todo, los muy gatos, los muy felinos, los muy zorros! Te pueden sacar, según el color de la chaqueta que lleves, o cómo te haya colocado la corbata, si estás de humor cambiante o si lo que sea. Los psiquiatras, según yo los veo, son casi uña y carne con los locos, y están siempre en primera línea para trincarse una depre como un piano.

- Violeta, ¿qué vamos a hacer esta tarde?

- Tengo Loqueroles

-¿Qué?

- Que tengo psiquiatra. Hoy es lunes, y los lunes me toca. Es a última hora de la tarde, pero es. Lo malo, Ruperto, es que voy a oler a chupitos, que debo llevar ya tufo a borrachina…

- ¿Y qué, mujer, es eso malo? ¡Y te tengo dicho que no me digas Ruperto!

-Vale, Ruperto… Uy, perdón…

-Cagondiééé!!!

Diario de Niña Violeta (3)

marzo 30, 2011

Fotografía artística. Autora : Carola Fariña.

Mi sombra se llama Robert, pero yo le digo Ruperto. Un modo de mosquearlo como otro cualquiera. Le miento con verdades : “Es que me recuerdas a un pájaro que se llama Ruperto…”, le digo. Y se agarra su mosqueo, vamos que coje un  cabreo que te cagas. “¿Un pájaro? ¿Qué clase de pájaro?”, me dice. Y yo : “Ahhh, misterio, misterio!” Y le hago un mohín que sé que le pone. Le ponen cantidad algunos de los mohines que le hago con la cara, con los labios, con la boca, con los ojos… Hay chavalas que no saben ser eróticas : toda la fuerza se les va en la ropa y en los tintes y eso, pero una, ni hablar del peluquín : una tía, por muy joven que sea, tiene que aprender a ser erótica con todo, sobre todo con todo lo que se puede enseñar en misa, como decía mi abuela. “Niña, en la calle, como en misa; y en la cama, sin camisa…” Mi abuela… Ay!

Como decía, para poner a un tío no hay nada como estarse callada, apenas si enseñar nada de nada, y tratar de sugerir todo de todo… Ustedes ya me entienden… Pero no hay tampoco que exagerar, que a veces un simple tropezón de nada al salir o entrar en una cafetería, y listo : ni mohines ni puñetas, que le rozas a uno, como sin quererlo ni saberlos, un muslo o directamente la bragueta, y ya está que ni sabe adonde mirar y se pone como de un tirón. Y si luego vas y te sientas en la barra, o en una mesa, y pones las piernas ahora de un lado, ahora de otro, ahora no sé si cruzadas, ahora las estiro que se me duermen, y ya está como una moto.

En el fondo lo que pasa es que los tíos son unos negáos para eso y para muuuuchas cosas más. ¡Ya te diría yo, si no lo hubieran tenido fácil desde el principio!

- Rupert, ¿me dejas que me ponga unas pinturitas, una carita de Carnaval, cariño?

-¿No querías un chupito?

-Sí, pero digo de salir luego con unas caretas, o pintadita yo a mi aire, que es Canaval, anda, no seas saborío…

Y lo conseguí. Y… Bueno, eso vendrá otro día. mañana, mayormente.

Diario de Niña Violeta (2)

marzo 29, 2011

Posible parecido con foto que se hizo "Niña Violeta"

Uno siempre puede decir cosas como “¡Eso no lo haré, que no me da la gana!”, y quitarse de ese modo de encima los montones de tonterías que mucha gente te pide que hagas. Pero buen. lo que se dice que se va a hacer, se hace cuando se pueda, y listo, ¿no?

Me dijo cuando le comenté que ya había empezado, y que tal y cual:

- Ya era hora. Pero bueno, hoy es lunes, y eso mira por dónde te va. Lunes significa “día de la Luna”, y…

- Sí, ¿y qué tiene que ver la Luna conmigo?

“La Luna – me dijo él, mi sombra, R.- es Daena, La Diosa; la llaman Luna por los latinos, que decían en su lengua “lumen”, que es luz, y “luna” es lo mismo que “astro de luz”. Y Daena es la Diosa de la Luz, y la heredan los romanos de los celtas, que tenían una religión y unas creencias que llegan casi hasta ahora, y hay runas que…”

Él siguió hablando, que es “mu sabío y mu escribío”, como dice la gente. Yo, desconecté, que me atolondra. Y como estaba ya enrollándose más de la cuenta,

- ¿Hace que salgamos a tomarnos un chupito?, le digo, y él :

- ¿Otra vez con tus cosas? Yo hablo que te hablo, y tú…, ¡hala, a tomarnos un chupito!

- Bueno, vale, sí. Mis cosas y eso, pero, ¿hace o no hace, eh?  Le digo, y le guiño un ojo.

Y hacía, ¡vaya que si hacía! No fue uno, que cayeron como cinco o seis chupitos. Y vimos gente que no habíamos visto antes, que era Carnaval y había mucha movida por el centro. Como si fuera un día de nada más que jolgorios y cachondeos. Y nos enrollamos tela, y todo. Pero bueno, esa parte ya la cuento otro día, ¿okey?

 

Diario de “Niña Violeta”

marzo 28, 2011

Día de la Luna. Por la mañana.

“¡Otra vez lunes! Me contaron cómo iba lo de los nombres de los días de la semana, de los meses, y lo de mi nombre. Mi sombra me lo contó, dice que en sueño, en un arrebato que le vino de contar cosas. Uno de esos arrebatos que le vienen a mi sombra cuando le entran los celos y le da por hacerse el interesante.

También me pidió  -casi me exigía, diría yo más bien- que fuera anotando en un Diario todo lo que él me contaba, y también todo lo que se me pasara por la cabeza. “Más que nada para que un día veamos cómo éramos”, me dijo. Yo, que aquél día estaba en plan de no llevar la contraria a nadie, y mucho menos a mi sombra :

- Sí, sí. Lo haré. Mañana mismo empiezo…

Le dije. Y hoy es ahora ya mañana, y aquí está una como tonta, escribiendo un lunes lo que había prometido hacer un viernes. La verdad, no me gusta dejar de hacer cosas que he prometido, y aunque tarde, pues me cuesta arrancarme algunas veces, un buen día me pongo y ¡hala, a cumplir!

He dicho que era viernes, pero no he dicho que pasaron tres viernes desde que prometí lo del Diario, por eso lo de “¡Otra vez lunes!”, pero bueno, como se dice, nunca es tarde si la chicha es buena… (¿O era la dicha? No sé, ya lo mirará mi santa sombra y me lo dirá, que es muy todo para esas cosas, y yo, la verdad, con lo de los dichos y los refranes y todo eso, como que me lío, y mezclo “chicha con limoná”, y “Dios aprieta pero no afloja”, (¿o era “ahoga”?), y por eso luego los líos y las dudas y las preguntas a R., mi sombra. Por ahora, se va a llamar así, “R”, y ya diré su nombre de pila si me peta, que no sé.

Pues bueno, ya he empezado. Y ahora, me tomo un respiro, que perdí la costumbre de escribir muy seguido desde que dejé el instituto, hará ya más de dos años. ¡Cómo vuela cada año, que saltamos de Navidad a Navidad y de verano a verano como si más que personas fuéramos pulgas saltonas!

¿Recuerdas la sombra de los cipreses?

junio 22, 2008

NIEBLAS

octubre 17, 2007

-Hace frío, hoy.
Lo ha dicho hasta con voz de frío, ese modo de hablar cuando el aire parece que se puede cortar con navaja de barbero. Se ve luz del día, por la mañana temprano, pero no luz del sol, que están las nieblas sobre los montes desperezándose, con esa lentitud que sólo es ya posible en el campo, en la mar incluso. Lentitudes que han desertado de las grandes ciudades, emigrando no sé adónde… ¿Se fueron quizá a medrar en historias pasadas, a habitar sólo un tiempo ya sido, ya hecho del todo, un tiempo perfecto? Seguro que es eso.
Lo ha dicho con esa voz del aliento que, apenas sale como un humo, se hace escarcha -¡casi!- en tanto asciende hacia el cielo gris plomizo donde ni aves vuelan. Con esa voz de frío con que va entonando, como quien recita versos o letras de canciones que parecen tristezas entradas en las palabras, modulando y entonando (¿aquí se dice lo que el caminante hace esa mañana impar, solitario por los caminos de hierbas de los montes?) y casi a punto de cantar. Con esa voz de frío que quiere conjurar, o eso parece, al frío mismo, y a la mañana helada, con ateridos aires vestidos de nieblas, entrados en silencios de cristal grisáceo, aires que cortan el paisaje como en cortinas de gasas ondulantes, gasas que apenas se mueven flotando en torno al que camina lo mismo que sierpes hechas todas de la materia leve del humo de una hoguera lejana que ya no tiene llamas ni ascuas, sino sólo los ecos de un fuego ya ido, ya sido, ya vuelto un recuerdo del fuego que fue fuego vivo.
-Qué frío, hoy.
Habla con nadie, que va solo. El hombre. Bajó de la sierra antes del alba, sin sombras entre las peñas y los pinares, y ha llegado al valle en esa hora que precede al mediodía, y que en el tiempo de la flor y del polen el cielo es puro azul, incluso en los más fríos días. Hoy, no. Las nieblas hoy reinan sobre los campos, en los montes, entre los árboles. Cuando bajaba, una luna, que debía ser llena, se insinuaba entre las brumas. La caballería, una mula hecha ya a los roquedales y pinares, con su paso cansino no erraba ni un metro del recorrido de muchas noches como aquella. Ahora, ya nacido de sobras el día, las nieblas se han señoreado de los paisajes, y es como si un pintor de horizontes hubiera borrado con esos eternos tonos grises todos los perfiles y matices de los campos en el valle. Sólo hay luz: sin sol. Y nieblas. Y ese frío que hace hoy. Y con ese cielo de color panzaburra… Arriba, antes, cuando tomaba la mula y salía, ni sombras se veían, que todo era negror y ese pálido, desdibujado globo de luna, color ambarino, casi un plateado grís muy claro, que no daba sombras, que sólo marcaba insinuados perfiles donde se espesaban, bajando al valle, las arboledas. La luna en las noches de frío : ¡qué temblor de mercurio en el cielo! Ahora, abajo, en el valle, las nieblas y el silencio. Y el hombre.
-El frío… ¡Arreeee, Lopeeeera!
¿Una mula es nadie? ¿Y quién puede decirlo, negar o afirmar, quién? Nadie. El que baja y cruza ya hacia las honduras del valle y monta sobre “Lopera”, sí podría, pero acaso su opinión no nos valiera. “Lopera” es mula experta. En días, salvó a su amo de lobos, y de ahí lo de “Lopera”. Se llamaba “Nieblas”. En el valle la siguen llamando así, pero Antón, el montañero que baja dos veces a la semana al valle, su amo, la llama así y no contó nunca el hecho (“hazañoso”) o punto de gloria de la mula, cuando le salvó de ser atacado por lobos. Desde entonces, Antón sólo desmonta de la mula pasadas las barrancas de acceso al valle, por las trochas de la montaña que sólo los más atrevidos conocen y usan.
Una mula no es nadie, y si lo es, entonces “Lopera” no es mula: es criatura inteligente y emocionalmente apta para el trato humano: que se pusiera en peligro y atacara a lobos para sacar al montañés de un apuro grave, no es cosa propia de un nadie: eso, es un “acto personal”, un hecho hazañoso. Y si “Nieblas”-”Lopera” había sido capaz de esa gesta, (que pocos humanos serían capaces de hacer…, a poco que nos apuremos), “Lopera” es una mula heroica. La agustina de aragón de las mulas; y, si los lobos la hubieran dañado, la juana de arco de las mulas. Dicho sea con el mínimo menoscabo de las heroicas damas citadas…, ¡qué digo “mínimo” : nulo, nulo menoscabo!
/// Continuará ///

Manuel Laza Zerón

¿DÓNDE ESTÁBAMOS?

octubre 12, 2007

Breves Historias del Mundo

¿Dónde estábamos?

“¿Aquello fue por enero del año pasado, o lo de enero era otra cosa? Ya no me sirve esta memoria mía, que a veces olvido hasta si llevo a no llevo a mi lado a alguien, y entonces, -las malas lenguas lo dicen -, pues ¡como que hablo sola por la calle! ¿Cuándo fue aquello, Tacho? Lo del golpe mío en la cabeza, de eso te digo… Esto…, frío hacía, pero, ¿era enero, cuando lo del golpe? Mismo ahora no me acuerdo, Tacho, que me falla la memoria. ¿Te acuerdas tú, Tacho, cariño?”

Un cielo azul. Una mañana fría. El parque, solitario aún a esa hora. Breve brisa en cortas rachas pequeñas, suaves soplos de aire frío, intensamente frío. Un frío tan intenso como intenso el azul del cielo. Las once de la mañana, en el altozano que se abre a todos los vientos, que mira a todos los horizontes, ¿no es acaso una hora impertinente para los huesos trabajados de la mujer que, figura de un Belén imaginario, cruza el paseo y se dirige, despacio, hacia un banco, las once heladas de la mañana no es, -decimos -, una hora inadecuada? Semeja la figura que camina con torpeza…, ¿qué semeja? Parece la forma vestida de negro de la añosa mujer que hacia el banco se encamina…, ¿qué parece? Los ojos atentos de algún espectador que se dé a valorar usos, y hábitos, y tiempos de vidas a partir de esos signos implacables, decidores, revelantes, inequívocos que son el atuendo, la manera de caminar, lo que se porta en las manos o lo que falta, -¿bolso o cesta, mantón o abrigo, zapatos o qué avíos de calzado? -, o como son las palabras que se dicen si se habla, o los gestos con que se adoban las palabras, las no dichas sino sólo pensadas, incluso, todo eso y más, ¿de qué clase de mujer nos hablarían?
Que atuendos y esos marimoñeos nada dicen, -pues que son cosas que pintarse podrían como “naturaleza muerta”-, valga. Pero que atuendos, y esos signos externos varios, mucho descubren sin decir palabra, -¡que es que hasta cantan que es un gusto!-, y hasta delatan, si es preciso, más aún valga, de modo que lo de “¿de qué clase de mujer nos hablarían?”, vale. Literalmente casi. Y el lector lo sabe, y es por eso que el narrador lo cuenta, lo escribe, de ello acta levanta. Sigamos, pues.
Cruza. Como subida a un andar lento, de no estudiada lentitud, así cruza. Es un andar casi penoso, -¡es penosidad que el tiempo ha acumulado en sus piernas, en su misma estructura de los huesos, ya redoloridos en sus ensamblajes, en sus pulmones incluso, que respira la mujer como si le fuera la vida en cada sorbo de aire! -, un andar que le lleva junto al banco, que le lleva a inclinarse, -¿más aún? ¡Más! -, sobre la blanca piedra del banco en el parque. Ahora la mujer hace como que la quiere secar un poco, a la piedra del banco, quitarle el resto que queda sin duda de la lluvia de la madrugada, o del riego impertinente de los servicios con que los alcaldes hurgan en los presupuestos y las contratas que dejan beneficios y las subcontratas que dejan escondidos los subterfugios, los servicios, decimos, de limpieza…, (¡qué ironía, que los “inmaculados” se limpien las manos con los presupuestos para los servicios de limpieza!). Luego de guardar el pañolico con que ¿secó algo, la pobre?, ya se sienta. Lentamente se sienta. Con lentitud revenida de los dolores mismos que su cuerpo ya albergará de por vida. “Es la reúma, Josefina”, le dicen a veces a la mujer amigas, conocidas y vecinas. “¡Ay, con estas reumas y estos humos, total, para morirse una!”, a veces responde ella. Las menos, que casi siempre, calla a todo y nada otorga, que quien ya lo dio todo, ¿qué más puede…? En fin, la vida. A las once de una mañana fría esta mujer, Josefina, está sola y con un inmenso día ante sí. Un día tan inmenso como los montes del pueblo donde naciera.

Desvergonzadas palomas no hay todavía en la rotonda del parque, pero algunos tímidos pajarillos ya corretean rebuscando restos comestibles que han dejado los ajetreos de niños, (¡y madres, y comadronas, y novios,!), la tarde antes, en el suelo. Josefina sonríe, -¡cómo la expresión se le ilumina: con la sonrisa… Cómo la mirada se le llena de luz nueva: con la sonrisa! -, mirando los saltitos de los gorriones, y se lleva la mano al bolso, buscando sin duda algo que echarles a los simpáticos salterines, los gorriones eternos, más madrugadores ya que las palomas, (aves éstas que han perdido la vergüenza, sin lugar a dudas. Por el constante trajineo que se han traído con el hombre, con tanto llevar y traer mensajes, con tanto acomodarse a colleras que manos humanas gestionan, y tanto palomar poco o nada libertario, por todo eso, ¡han perdido las palomas la vegüenza!), aruinadoras de estatuas, de fachadas artesanales. La sonrisa y el echar migas de pan a los pajarillos, son actos mágicos : por un instante, Josefina ha sido la niña que fue muchos siglos atrás, cuando vivía su “Tacho”, y era él también un mocetón de aldea, fuerte, testarudo, bueno, hombre a la tierra pegado como el alma se pega al cuerpo. La magia del instante dura un suspiro, pero la memoria de la magia ya es imborrable. El tiempo es un brujo implacable, pero el hombre sabe a veces de todos los tiempos zafarse, que parece que llevamos átomos de eternidad en la sangre.

“¿Nada dices, Tacho? ¡Estás tan callado…! Será el frío, que hay que ver el frío que hace. ¿O es que ya una va a sentir frío para siempre, Tacho? ¡Con estos años, Dios de mi vida, todo se le vuelven a una huéspedes molestos, y a lo mejor es que es una la que ya va estando de más en el mundo… Ay! Pero, ¿cuándo fue aquello, que se me ha ido de la memoria? Anda, Tacho, di algo…”

Uno jóvenes que han trasnochado, sin duda, y vuelven a casa -o puede que muden de lugar donde continuar su modo de evasión -, miran a la mujer, la ven hablando sola, y se ríen. Uno de ellos, que porta un atuendo indefinible y muestra signos inequívocos de un incipiente trastorno del comportamiento, da una patada a una lata de cerveza que yacía en el suelo, entre restos de comida, ya sucia y allí dejada, con esa incuria que se ha ido extendiendo desde la grandes urbes a las pequeñas, y que ya pocos perciben siquiera, (la facilidad con que la gente se acomoda a vivir en la mierda es digna de estudio…), y algo grita dirigiéndose a la anciana mujer, al borde del alzheimer sin duda, de lleno en la pobreza, y casi sorda. Es algo que quiere ser burla y ni a ser palabra humana casi alcanza : ¿de dónde nos van viniendo estos modos de airadas conductas y desaforados comportamientos, que arrasan con todo atisbo de dignidad? ¿Un círculo no previsto de Dante y sin embargo existente allá, en su Inferno puesto en boca de Virgilio? No lo sabemos. No queramos saberlo, ni tampoco queramos saber qué gritó a la pobre mujer ese desdichado espécimen que hoy, porque cuenta pocos años, -¿19, 24, más, menos? -, y también porque nada tiene ya -¡posiblemente, y para desgracia no sólo suya! – que perder, alegremente (eso, es un decir…) insulta a sus mayores… La vida tiene a veces rincones donde es mejor nunca mirar.

“Era enero, sí. ¡Seguro que era enero! Pero, ¿dónde estábamos, dime? ¡Que no me acuerde ahora de dónde estábamos cuando lo del golpe en la cabeza…! Dios mío de mi vida, cuánto trajín para acabar una sola y sin memoria casi, ¿verdad, Tacho?”


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