NIEBLAS

-Hace frío, hoy.
Lo ha dicho hasta con voz de frío, ese modo de hablar cuando el aire parece que se puede cortar con navaja de barbero. Se ve luz del día, por la mañana temprano, pero no luz del sol, que están las nieblas sobre los montes desperezándose, con esa lentitud que sólo es ya posible en el campo, en la mar incluso. Lentitudes que han desertado de las grandes ciudades, emigrando no sé adónde… ¿Se fueron quizá a medrar en historias pasadas, a habitar sólo un tiempo ya sido, ya hecho del todo, un tiempo perfecto? Seguro que es eso.
Lo ha dicho con esa voz del aliento que, apenas sale como un humo, se hace escarcha -¡casi!- en tanto asciende hacia el cielo gris plomizo donde ni aves vuelan. Con esa voz de frío con que va entonando, como quien recita versos o letras de canciones que parecen tristezas entradas en las palabras, modulando y entonando (¿aquí se dice lo que el caminante hace esa mañana impar, solitario por los caminos de hierbas de los montes?) y casi a punto de cantar. Con esa voz de frío que quiere conjurar, o eso parece, al frío mismo, y a la mañana helada, con ateridos aires vestidos de nieblas, entrados en silencios de cristal grisáceo, aires que cortan el paisaje como en cortinas de gasas ondulantes, gasas que apenas se mueven flotando en torno al que camina lo mismo que sierpes hechas todas de la materia leve del humo de una hoguera lejana que ya no tiene llamas ni ascuas, sino sólo los ecos de un fuego ya ido, ya sido, ya vuelto un recuerdo del fuego que fue fuego vivo.
-Qué frío, hoy.
Habla con nadie, que va solo. El hombre. Bajó de la sierra antes del alba, sin sombras entre las peñas y los pinares, y ha llegado al valle en esa hora que precede al mediodía, y que en el tiempo de la flor y del polen el cielo es puro azul, incluso en los más fríos días. Hoy, no. Las nieblas hoy reinan sobre los campos, en los montes, entre los árboles. Cuando bajaba, una luna, que debía ser llena, se insinuaba entre las brumas. La caballería, una mula hecha ya a los roquedales y pinares, con su paso cansino no erraba ni un metro del recorrido de muchas noches como aquella. Ahora, ya nacido de sobras el día, las nieblas se han señoreado de los paisajes, y es como si un pintor de horizontes hubiera borrado con esos eternos tonos grises todos los perfiles y matices de los campos en el valle. Sólo hay luz: sin sol. Y nieblas. Y ese frío que hace hoy. Y con ese cielo de color panzaburra… Arriba, antes, cuando tomaba la mula y salía, ni sombras se veían, que todo era negror y ese pálido, desdibujado globo de luna, color ambarino, casi un plateado grís muy claro, que no daba sombras, que sólo marcaba insinuados perfiles donde se espesaban, bajando al valle, las arboledas. La luna en las noches de frío : ¡qué temblor de mercurio en el cielo! Ahora, abajo, en el valle, las nieblas y el silencio. Y el hombre.
-El frío… ¡Arreeee, Lopeeeera!
¿Una mula es nadie? ¿Y quién puede decirlo, negar o afirmar, quién? Nadie. El que baja y cruza ya hacia las honduras del valle y monta sobre “Lopera”, sí podría, pero acaso su opinión no nos valiera. “Lopera” es mula experta. En días, salvó a su amo de lobos, y de ahí lo de “Lopera”. Se llamaba “Nieblas”. En el valle la siguen llamando así, pero Antón, el montañero que baja dos veces a la semana al valle, su amo, la llama así y no contó nunca el hecho (“hazañoso”) o punto de gloria de la mula, cuando le salvó de ser atacado por lobos. Desde entonces, Antón sólo desmonta de la mula pasadas las barrancas de acceso al valle, por las trochas de la montaña que sólo los más atrevidos conocen y usan.
Una mula no es nadie, y si lo es, entonces “Lopera” no es mula: es criatura inteligente y emocionalmente apta para el trato humano: que se pusiera en peligro y atacara a lobos para sacar al montañés de un apuro grave, no es cosa propia de un nadie: eso, es un “acto personal”, un hecho hazañoso. Y si “Nieblas”-”Lopera” había sido capaz de esa gesta, (que pocos humanos serían capaces de hacer…, a poco que nos apuremos), “Lopera” es una mula heroica. La agustina de aragón de las mulas; y, si los lobos la hubieran dañado, la juana de arco de las mulas. Dicho sea con el mínimo menoscabo de las heroicas damas citadas…, ¡qué digo “mínimo” : nulo, nulo menoscabo!
/// Continuará ///

Manuel Laza Zerón

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2 comentarios para “NIEBLAS”

  1. Rocio Dice:

    Hola Don Manuel, le hablo de Don por el respeto que usted me inspira, perdóneme si no es de su gusto.Me llamo Rocio. He buscado alguna manera de contactarle y di con esta página, lo cual me alegra. Le escribo para decirle que admiro y me emociona enormemente lo que usted escribe y la manera en que lo hace. Le felicito, soy una lectora obsesa de las palabras y nunca antes ni nunca después he dado con algo tan asombroso. Es delirante. Es acojonante, y perdone la expresión. Es usted un genio. Si lee esto y quisiera responderme en algún momento yo estaría encantada de que lo hiciera. He dejado aqui mi e-mail. Gracias y gracias otra vez.

  2. manuellaza Dice:

    Gracias, Rocío. Pero esto : no soy un genio de ninguna manera. Sólo, me gusta la Literatura, la Lingüística, los temas de sueños y estudios oníricos, el Arte de la Pintura… ¡Y escribir, escribir relatos, poemas…!
    Cordiales saludos y muchas gracias.
    Disculpa una pregunta : ¿por qué “against” y no “towards”?

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