Baldomero Matojal

de:
(“Breves historias del Mundo”)

“Disparen todos al gentío, y usted, teniente : ¡dispare al que no dispare!”. Las palabras del comandante resonaban en mis oídos como campanas disonantes, como tambores desacordados, como taladros persistentes. Éramos un comando de siete hombres, un teniente y el comandante. Las órdenes, que no debían ser conocidas por los miembros sin graduación del comando, eran terminantes: capturar al terrorista, llevarle vivo o muerto a la base, y en la búsqueda del -se suponía que lo era – “número 3” de la insurgencia, llevar a cabo toda operación de castigo que se terciara. Matar civiles era la “operación de castigo” más usual; resultaba más fácil que otra cualquiera, y siempre se saldaba con resultados óptimos para el “comando de paz” de las fuerzas encargadas de la “regularización democrática del país”, cosa esta última que pasaba por el control de la explotación de recursos energéticos varios. “…¡y dispare al que no dispare!”
A mí me han disparado. No soy un héroe ni un pacifista. Ni mucho menos un objetor de conciencia. Yo no tenía conciencia, sino miedo. Yo no estaba no disparando, sino con el arma encasquillada. Y además, estaba mudo. No podía gritar, como el cabo Dylan la vez pasada, “¡Arma encasquillada, mi teniente!” Y aunque hubiera podido no habría gritado: el miedo me paraliza, siempre ha sido así. Desde que soy niño, desde que tengo recuerdos, recuerdo que el miedo me ha paralizado. Ni cagarme de miedo he podido nunca : paralizado es paralizado. Por eso quería siempre puestos en Intendencia. Se me daba bien la cosa de distribuir material, comida, medicinas. También la de llevar cuentas. “Soy intendente nato, mi comandante”, le dije nada más llegó al batallón este mando nuevo, y: “¿Tú? ¡Una mierda es lo que tú eres!”, me dijo. El nuevo comandante me lo dijo, nada más llegar. El que antes había, me tenía en Intendencia. ¡Qué bueno que era el antiguo comandante!, pero el nuevo…
Con él empezó mi ruina en el ejército. A mí, los ejércitos me gustan. En tiempos de paz, mayormente. Y desfilar y eso. La hora del rancho es algo muy bueno, un invento notable, un lujo. En mi pueblo, en las montañas, no hay hora del rancho. Por eso vine al ejército. Pero esas palabras del comandante… ¡Como que marcaron el rumbo de mi futuro, les abrieron caminos a mis despeñaderos en la carrera militar. Yo hubiera llegado a sargento, ¡seguro! En Intendencia: ¡de fijo! Pero el destino se tuerce, para unos antes, para otros más tarde. Y nunca, para muy pocos. “Nunca, es un decir”, como decía el cabo Dylan, pues que… “Enantes, o más tarde, todos la cascamos”. Y era verdad. El cabo se llamaba en realidad Baldomero Matojal, pero le llamábamos Dylan por el cantante, Bob Dylan, que siempre lo estaba tarareando, y hasta lo remedaba con la guitarra. Además, Matojal no es nombre que le gustara. Baldomero Matojal murió de un granadazo, que le estalló en las narices. Bombas caseras, decían que eran. Pero no, eran bombas. Para nosotros, bombas a secas es lo que son, que bomba es bomba.
Ahora estoy en el hospital y yo creo que no por mucho tiempo. Me lo dicen las caras que les veo a los médicos, a los sanitarios, a los otros encamados. “Encamados”, es un decir. Como “nunca”. Sólo quedan sacos sobre pilastras que se pueden llevar de acá para allá, según necesidades. Ésas son las camas. Yo, me malicio, no le doy la vuelta a Año Nuevo. Y estamos a mitad de diciembre, oigo que dicen. Antes del nuevo año me habrá llegado “mi nunca…” Suele pasar con los disparos. Y me lo dice, sobre todo, mi cuerpito, que siempre me dijo lo que importaba : si hambre, hambre, si maluras, maluras. Y me lo digo yo, pues. ¡Qué mala suerte que los ejércitos suelan casar, -¡digo yo! -, con los disparos…!
Manuel Laza Z. (Continuará)

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3 comentarios to “Baldomero Matojal”

  1. Miguel Pérez Says:

    Me recuerda mucho a la película de Kubrick. Me encanta el pedazo de crítica que haces. Espero que continúe. Saludos.

  2. manuellaza Says:

    ¡Sin embargo, no voy al cine desde hace siglos! Pero ya sabes: cuando algo está en el aire, como decía Dylan (Bob, no el soldado) the answer is blowing in the wind.
    Gracias por tu comentario, Miguel, Músico. Y hermano en mil avatares. ¡Suerte!

  3. Anna Says:

    Hola amigo Manu. Grata sorpresa encontrar todo lo que vas gestando en la red de redes.
    Saludos

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